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El vishing ya supone el 15 % de las consultas ciudadanas al 017 de INCIBE

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Un hombre preocupado sostiene una tarjeta bancaria durante una llamada

El vishing, la estafa que se ejecuta por llamada telefónica, ha dejado de ser una modalidad marginal en España. Según el Balance de Ciberseguridad 2025 del INCIBE, el 15 % de las consultas que la ciudadanía hizo el año pasado a su línea de ayuda, el 017, fueron por este tipo de fraude, solo por detrás de las compras fraudulentas en Internet (17 %). En total, el servicio atendió 142.767 consultas en 2025, un 45 % más que el año anterior.

El dato llega en un contexto de crecimiento general del fraude: el instituto gestionó 45.445 incidentes de fraude online en 2025, un 19 % más que en 2024, y ya suponen cuatro de cada diez incidentes de ciberseguridad registrados en España. Y la tendencia no se ha frenado este año: en el primer semestre de 2026 el 017 ya atendió 95.064 consultas, casi el doble que en el mismo periodo de 2025, y el 40 % de las ciudadanas estuvieron relacionadas con estafas de suplantación por teléfono, SMS o correo electrónico, según el balance presentado por el Ministerio para la Transformación Digital en agosto.

La IA quita las señales de alarma

El salto cualitativo lo ha dado la inteligencia artificial generativa. Las estafas tradicionales, reconocibles por errores ortográficos o llamadas torpes, han dado paso a simulaciones convincentes que pueden incluir la voz clonada de un familiar o de un directivo. Así lo advierte un análisis de la Universidad Internacional de Valencia (VIU) firmado por su experto en ciberseguridad Pedro José Blay Serrano, que describe cómo las herramientas comerciales de síntesis de voz, combinadas con información extraída de redes sociales y filtraciones de datos, permiten fabricar engaños personalizados a gran escala.

«La IA generativa permite falsificar voces e imágenes. Aunque un ojo experto puede detectar pequeños fallos, estas herramientas van mejorando constantemente y sus creaciones parecen cada vez más auténticas», señala Blay.

El éxito del ataque, explica, no reside solo en la tecnología, sino en la manipulación emocional: la falsificación del identificador de llamada refuerza la credibilidad y el miedo o la urgencia (un banco que avisa de un cargo, un familiar en apuros) anulan la capacidad de análisis de la víctima. INCIBE ha documentado casos reales que ilustran esa evolución, como la suplantación de un conocido programa de televisión y de su presentador con falsos premios mediante vishing con IA, o un intento de desvío de pagos utilizando la voz clonada de un empresario.

Un problema ya cuantificado también fuera de España

El fenómeno es global y ya aparece medido en las estadísticas oficiales de otros países. El informe anual del IC3 del FBI, que en su edición de 2025 incluyó por primera vez un apartado específico sobre inteligencia artificial, registró 22.364 quejas relacionadas con IA y pérdidas declaradas de 893 millones de dólares. El propio Blay matiza el alcance de estas cifras: «Estas cifras no corresponden exclusivamente a deepfakes, pero sí evidencian que estamos ante una amenaza con un impacto económico muy serio».

Frente a este escenario, el experto de la VIU propone trasladar al ámbito doméstico el principio de «confianza cero» que aplican las empresas: establecer palabras clave de seguridad en la familia y verificar cualquier petición urgente de dinero por un canal independiente antes de actuar. «Que parezca real no significa que lo sea», resume como regla de oro.

Las cifras oficiales dibujan una línea clara: las consultas al 017 casi se duplicaron en la primera mitad de 2026, el fraude online crece a doble dígito y el teléfono vuelve a ser un vector de ataque de primer orden, ahora con voces que suenan exactamente como las de confianza. La pregunta abierta es a qué velocidad llegarán la detección y la concienciación a un fraude que ya no necesita errores para resultar creíble.

Más información | Balance de Ciberseguridad 2025 (INCIBE)

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